Proyecto III

Una novela en la cual el personaje principal, Wynn, intenta aliviar su amargura y esclarecer dudas que guarda hace años. Renata, es la mujer que puede ayudarlo a terminar con sus frustraciones.

Particularmente insensato, aunque con un don admirable. Solía mirar a través de su ventana concentrando su atención en un punto y después de unos minutos sus ojos solo percibían una imagen borrosa.
Le daba más importancia a esas fantasías que se reinventaba cada día, anhelando verla de nuevo alguna vez.
No hablaba más que lo necesario. En su trabajo, los más antiguos lo comprendían, los que hacía poco tiempo habían ingresado a la oficina no se explicaban quién era él, y si preguntaban, nadie les respondía algo claro.
Wynn llegó agotado a su casa, más atormentado que de costumbre por esos pensamientos que lo perseguían.
Se preparó un Earl Grey y camino a su sillón eligió un libro de la biblioteca. Tomó asiento y depositó por un momento la taza de té sobre la mesa de madera laqueada; lo invadió un sentimiento indescriptible salvo por su magnitud tan fuerte y dejó caer varias lágrimas. Se dijo a sí que debía hacer algo para terminar con esa amargura que no lo dejaba vivir más que de recuerdos y comenzó a buscar explicaciones que con el pasar del tiempo se habían convertido en  resignaciones.
Sólo pensaba en una persona, se le hacía melodía pensar el nombre “Renata” y le quebraba el descanso la frase “Jamás podría dejar de amarte”.
Esa noche no logró dormir más que lo necesario, no quería pensar en nada que no involucre su propósito, Wynn se exigía hallar a Renata y romper con toda disidencia existente.
La única pista que tenía era una brevísima carta que le había alcanzado una niña desconocida hacía ya casi diez años y de la cual sólo él sabía; la guardaba dentro de un libro y la leía cada tarde al regresar de la oficina mientras bebía un té. Intentaba recordar la voz de ella a través de cada letra, su aroma y su piel en la suave textura de la hoja que se desgastaba cada año. Wynn sentía terror simplemente planteandose la idea de que alguna vez ya no recuerde ni siquiera la más elocuente característica de Renata.
Evaluó que desaparecer sería un buen modo de esconder el viaje que tenía planeado. Sabía que era arriesgado.
La muerte de Renata quedó envuelta en demasiadas dudas, tantas que Wynn aún no relacionaba la última imagen que recordaba de ella a la palabra “muerte”.
La pista que motivó el viaje de Wynn, fue aquella estampilla que estaba estrategicamente colocada en la carta que conservaba, debajo del mensaje: “aclarar un eclipse puede concluir en satisfacción”.
Sin más rodeos, el viaje ya había comenzado, Wynn observaba a través de la ventanilla del tren de la misma forma que lo hacía detrás de su ventana cada tarde. Era un viaje largo y un tercio del tiempo lo pasó escribiendo en un cuaderno.
Completó decenas de páginas en sólo un lapso. Se detuvo y miró durante unos minutos el paisaje con sus últimos rayos de luz pero no tardó en quedarse dormido.
Pasaron cuatro horas veintitres minutos, se despertó algo atontado, nervioso pero con la respiración muy débil. La ansiedad era cada vez mayor, le transpiraban las manos con un sudor frío, pero estos episodios no excedían los veinte minutos; inmediatamente sentía hambre.
El viaje estaba a punto de terminar, en tanto Wynn se preparaba para llegar a destino y no desperdiciar ni un segundo de su estadía allí.
Caminó durante al menos una hora hasta hallar un hospedaje barato. Era un lugar ambientado al estilo francés, su fachada era algo nostálgica aunque proponía una imagen fresca. Al ingresar le penetró hasta lo más profundo el olor a tabaco. En el mostrador se encontró con el recepcionista quien le indicó cómo llegar hasta el ascensor pero inoportunamente estaba atascado, así que se vieron forzados a subir al cuarto por las escaleras que eran blancas y estrechísimas. Por alguna  razón a Wynn esa situación le había hecho recordar un fin de semana en la casa de su bisabuela cuando era muy niño. Al fin llegaron a la pieza número 32 y Wynn se sintió conforme con el lugar, creyó conveniente tener una ventana en el cuarto, siempre lo ayudaba a reflexionar ver a través de una ventana. Enseguida pudo percibir lo cómoda que era la cama y la suavidad de las sábanas.

Continúa mañana…


3 comentarios to “Proyecto III”

  1. […] La pista que motivó el viaje de Wynn, fue aquella estampilla que estaba estrategicamente colocada en la carta que conservaba, debajo del mensaje: “aclarar un eclipse puede concluir en satisfacción”. Sin más rodeos, el viaje ya había comenzado, Wynn observaba a través de la ventanilla del tren de la misma forma que lo hacía detrás de su ventana cada tarde. Era un viaje largo y un tercio del tiempo lo pasó escribiendo en un cuaderno. Completó decenas de páginas en sólo un lapso. Se detuvo y miró durante unos minutos el paisaje con sus últimos rayos de luz pero no tardó en quedarse dormido. Pasaron cuatro horas veintitres minutos, se despertó algo atontado, nervioso pero con la respiración muy débil. La ansiedad era cada vez mayor, le transpiraban las manos con un sudor frío, pero estos episodios no excedían los veinte minutos; inmediatamente sentía hambre. El viaje estaba a punto de terminar, en tanto Wynn se preparaba para llegar a destino y no desperdiciar ni un segundo de su estadía allí. ___________________________________ Para leer el comienzo de la historia, entrar en: https://paolamoreira.wordpress.com/proyecto-iii/ […]

  2. ¿ Còmo sigue.? ¿ Cuàndo.? ¿ La escribìs vos, Pao.? Me encantò..

  3. Sí, la escribo yo jajaja, me tomé un respiro porque la inspiración no está ayudándome demasiado jajajaja, pero la voy a continuar en breve.

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